Por fin llego el día, ese gran día en que un grupo de 30 diseñadores de interiores defendieron su trabajo final de grado delante de un tribunal, el trabajo que se habían currado tanto, que tantos calentamientos de cabeza les había dado, sería por fin evaluado y juzgado por 5 "expertos" en una hora, o dos como mucho. Entre ellos estaba mi trabajo.
Por todo esto aprendí, aunque en el último momento, que no solo es valido que tu proyecto este completo sino que tienes que demostrarlo de una manera escueta y directa. Mi proyecto en concreto trataba sobre un intervención en estación de tren principal de Lorca tras el terremoto que sufrió la ciudad en 2011, un tema que me tocaba bastante cerca. No se si fue la emotividad de la que se vio envuelta el proyecto, el proceso de trabajo o la resolución pero la idea y el trabajo gustó mucho, y fue muy bien calificado.
Os adjunto un enlace de la revista digital Murcia Visual hablando de este.
http://www.murciavisual.com/?p=9618
En el enlace podéis ver un resumen de la idea conceptual del proyecto, de la cual estoy muy orgullosa. Durante el proceso de trabajo todo pasó muy rápido y muy lento a la vez, sin tiempo a penas a reflexionar en un contexto más general, pero una vez que he tenido tiempo a mirarlo con perspectiva me he dado cuenta que el concepto de este proyecto no surgió con el fin de realizar un trabajo fin de grado especial. Este se iba cocinando mucho antes, desde aquel momento en que creí que la sociedad debía cambiar su concepto de ruina. Hoy en día ponemos en valor aquellos yacimientos que pertenecen a la Antigua Roma, la era del Al-Andalus o incluso Románicas, y cierto es que lo tienen, pero hay muchas obras que siendo del siglo XX tienen un gran valor, un valor para la sociedad, que debe ser protegido.
Y ese es el concepto de este proyecto, dejar una huella de unos hechos que marcaron fuertemente a los ciudadanos de Lorca a través de un edificio que esta a la mano tanto de ciudadanos como de turistas. Y poco a poco buscando un diseño funcional y adecuado fui consiguiendo algo funcional, bonito, emotivo. Todas las piezas del puzzle iban encajando a la perfección casi sin darme cuenta y gracias a mi tutora, la arquitecta Leticia Ballester que veía más allá de donde yo veía.
Os adjunto una fotografía de la Primera Promoción de Diseñadores de Interiores de Madrid
